ARGENTINA PASADO Y PRESENTE: Cap I- La Identidad Argentina: Proyecto y Fracaso (Cont2) Por Georgina

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ARGENTINA PASADO Y PRESENTE: Cap I- La Identidad Argentina: Proyecto y Fracaso (Cont2) Por Georgina

Mensaje  Mary el Jue Mayo 15, 2008 11:02 pm

Es la asociación de la ciudad con la utopía de una sociedad perfectamente ordenada y racional y así del progreso, que solo es posible en el marco del orden civil, fundando así una utopía imitativa que va a llevar a la construcción o invención de un país de “arriba hacia abajo”. El universo indio y criollo es la anomalía anacrónica de la historia real a la que debe oponerse la modelización del futuro, la planificación del progreso.

Pero ante la realidad de nuestro país, carente de una fuerte y homogénea sociedad civil, para que esta exista y se consolide no solo se requiere de un estado organizado sino también de una cultura urbana planificada en detalle.

Sin embargo para Sarmiento, el logro de esa sociedad ideal estaba obstaculizada por el Otro eventualmente conquistable que es la sociedad bárbara, pero también por ese otro mucho más irreductible que es la maldición del espacio: la realización de la utopía requiere la remodelación del espacio desértico, su reducción pero también su reordenamiento.

En definitiva es muy ilustrativo lo que A Jauretche dice sobre estas afirmaciones, calificadas por él como “zonceras” en su fenomenal obra “Manual de Zonceras Arg” y donde el parte del análisis de las mismas comenzando por la “madre de las zonceras”: Civilización y Barbarie (“la que las parió a todas”).

Con respecto a esta zoncera Jauretche dirá: “la idea no fue desarrollar Am según Am, incorporando las ideas de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América.”

“En la intima contextura de esa mentalidad hay un cierto mesianismo al revés y un irrefanable vocación por la ideología. Por el mesianismo invertido, la mentalidad colonial cree que todo lo autóctono es negativo y todo lo ajeno positivo. Por el ideologismo por que prefiere manejar la abstracción conceptual y no la concreta realidad circunstanciada... el mesianismo impone civilizar. La ideología determina el cómo, el modo de la civilización. Ambos coinciden en excluir toda solución surgida de la naturaleza de las cosas, y buscan entonces, la necesaria sustitución del espacio, del hombre y de sus propios elementos de cultura. Es decir: rehuir la concreta realidad circunstanciada para atenerse a la abstracción conceptual. Su idea no es realizar un país sino fabricarlo.”Más adelante Jauretche recalca que lo que esa clase denominó como progreso en ese tiempo era congruente con sus intereses económicos, confundiendo su prosperidad con la del país.

Sin embargo según su visión el problema es que con posterioridad, con el cambio de las condiciones internas y externas, por el aumento de la población y su nivel de vida, y la situación en el mercado mundial de la economía de intercambio comercial fundada en el precio, por la economía mercantil, se destruyen las bases de la estructura primaria de intercambio de materias primas por materias manufacturadas, pues “así como hay imperios que pierden sus colonias, hay colonias que pierden su imperio, cuando dejan de serles necesarias a éste.” De esta manera mesianismo e ideología ya no encuentran, como pareció antes, su identificación con el destino del país. Así esta clase, pierde el papel promotor que se había asignado mientras se creyó constructora para hacerse conservadora en un país que no debe dar un paso más adelante, convirtiéndose paradójicamente en antiprogresistas.

En cuento a la zoncera del “gobernar es poblar” alberdiano, Jauretche dirá que: “Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar la vieja estirpe criolla y rellenar el espacio vacío con sajones. Esta monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo acorraló, se lo condenó a una existencia inferior... progresar no es evolucionar desde la propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para sustituirla. Sin embargo los aportes de sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos también... se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo hispánico como principio organizador de la convivencia.”

Por eso la famosa frase que inmortalizó a Alberdi, habría que aclararlo, debió ser entendida en su real dimensión como dirá Jauretche, ya que “gobernar es poblar” debe ser entendida como poblar pero de determinada manera y con determinada población, por que en definitiva el europeismo finalmente reinante en nuestro país no era el que hubieren deseado nuestros próceres.

Como dirá Grüner lo paradójico de este nuevo sist de representación completamente imbuido de spencerismo y darwinismo social termina llevando a legitimar las necesidades económicas de la clase dominante, expresadas entre otras cosas por su política inmigratoria.

Política de la que luego se arrepentirá no sólo por las ideologías que venían con estos nuevos habitantes, sino por que las razas que llegaron mayoritariamente no eran las preclasificadas como las “superiores”. “El régimen fracasó sociológicamente” dirá el autor, sintetizando que: “el régimen quiso cambiar el pueblo y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo viviente y cálido que nosotros llamamos la conciencia nacional y ellos desprecian como barbarie.” Esta idea es entendible si se piensa que la obra fue escrita en una época de cambio en Arg en las postrimerías del Peronismo como movimiento nacionalista generador del movimiento de masas más grande de Am Lat. Es entendible que la clase oligárquica se convirtiera en la principal opositora de este naciente movimiento.

Jauretche dirá críticamente: “nos enseñaban una historia de puertas cerradas, desgranada en anécdotas y biografías, o de bases filosóficas ingenuas, y nos mostraron la abstracción de un país casi totalmente creado por pura casualidad interna... nos escindíamos en pueblerinos o ciudadanos del mundo, así de una historia isla, pasábamos a la evaporación, a las sombras chinescas de una historia océano, donde la historia se juega en cualquier lado menos aquí”

Jauretche sigue diciendo que de la madre de las zonceras se deriva otra que reza: “el mal que aqueja a la Arg es la extensión”, lo que quizá quiso significar es que el desierto es demasiado grande. Por ello Jauretche dirá que “...como realizar civilización era hacer la Europa en Am, la empresa era arto más difícil cuanto más Am y menos Europa fuera el espacio. Así disminuir la extensión resultaba desamericanizarse para reducirse al espacio apto para una rápida civilización europea. Estorbaban el desierto, las montañas gigantescas, las selvas impenetrables, los ríos indominables, mientras una parcial extensión del territorio, la pampa húmeda, ofrecía la fácil perspectiva de una rápida creación de Europa en Am, o mejor dicho, de una prolongación de Europa en ella.”

No es necesario aclarar que para la clase elitista que se presumía más europea que americana en ese momento, profundamente positivista pero también darwinista, las poblaciones autóctonas eran más débiles que las europeas, carácter que se verificaba no sólo en las personas sino también en los animales.

En resumen, el debate, al decir de Grüner, se sienta en la instauración utópica de la “cdad futura” que luego se vuelve degeneración cosmopolita y especuladora, burdamente materialista y cuyos males son raciales y hereditarios, y que lleva a partir del centenario a imponer un retorno a los valores autóctonos y a la tradición, el campo y el mito gaucho como utopías retroactivas para enfrentar el mal concentrado en la cdad y en las masas inmigrantes.

Por eso, una vez que la presunta “Otredad” ha quedado desvirtuada por el sentido de que se ha tomado una real conciencia de que entre “nosotros” y el “otro” no hay diferencia alguna sino que son parte de lo mismo, es que se nos hace necesario plantear un nuevo análisis superador de la dicotomía o mejor dicho de la “zoncera” civilización y barbarie para entrar de lleno en los efectos que la civilización occidental a provocado en el plano sociológico en esta época posmoderna, signada por la 3ª fase del capitalismo y cuyo icono es la globalización, que como término económico a impuesto un orden o un sentido distinto a la vida de las personas que es posible de ser analizado sin tener que adentrarnos en un país u en otro, por que justamente su importancia o funcionalidad para con el capitalismo radica justamente en terminar, por lo menos desde el punto de vista económico, con las fronteras nacionales, socavando los principios y las bases de la denominada “Modernidad Sólida” e iniciando así un proceso de licuación de las mismas.

En definitiva, vamos a tratar de explicar los nuevos caracteres de este mundo global, la forma en que fue posible su instauración en Argentina y sobre todo sus efectos sobre la vida de las personas.

Jauretche las define como una especie de sofisma, cuya fuerza no está en el arte de la argumentación, sino en la exclusión de la misma, actuando dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión. “por que en cuanto el zonzo analiza la zonzera deja de ser zonzo”.

Esta zonceras de autoridad – como el llama a las esbozadas por Sarmiento, Rivadavia y otros- cumplen dos objetivos: uno es prestigiar la zoncera con la autoridad que la respalda; y la otra reforzar la autoridad con la zoncera.

“Manual de Zonceras Argentinas” Arturo Jauretche. Ed Corregidor. Ed. 2003.

“Poblar para Alberdi era acarrear inmigración inglesa, que encastase con la mujeres criollas. La realidad vino a jugarles una dura pasada ya que los únicos ingleses que vinieron al Plata fueron gerentes ferroviarios. Del país no les gustaban las mujeres, traían sus mujeres desde Europa, y peor aún, cuando llegaba el momento de dar a luz, la empresa les pagaba el viaje a Inglaterra, para que los chicos de los gerentes y altos empleados abrieran sus ojos en las lejanas islas, sacaran sus papeles en un registro inglés y volviesen luego a Argentina.”

Gerbi dará por ejemplo al león, el rey de los animales del viejo mundo, en su versión sudamericana carece de melena y además es mucho más pequeño y débil y más cobarde que el verdadero león.

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