ARGENTINA PASADO Y PRESENTE: Cap I- La Identidad Argentina: Proyecto y Fracaso (Cont) Por Georgina

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ARGENTINA PASADO Y PRESENTE: Cap I- La Identidad Argentina: Proyecto y Fracaso (Cont) Por Georgina

Mensaje  Mary el Jue Mayo 15, 2008 10:52 pm

Utopía es lo por venir, es el advenimiento de un modelo a seguir, pero que no se presenta a la sociedad con normas naturales. No la piensa de modo fijo y sin proceso. Todo sistema es perfectible, se puede modificar. En Moro la estabilidad ha de ser la República, éticamente constituida con equidad, y el gobierno de la mayoría, tomando como modelo la vida comunitaria que los aborígenes americanos tenían.

Después de leer esto y volviendo a Grüner, en el cap 7, el habla de la existencia de una Rama Dorada, que es aquella donde muchas culturas separadas entre sí tanto espacial como temporalmente constituyen mundos deseables, utópicos y cuya mera concepción suele ser utilizada como denuncia o crítica de los mundos reales en el que los sujetos están condenados a vivir, además de servir para ahuyentar periódicamente el temor del Apocalipsis cultural. Esta configuración, dice Grüner, puede encontrarse prácticamente en todas las sociedades que alguna vez han sido. Sin embargo frente a ella encontramos la denominada Comunidad de las Hormigas, que en definitiva termina triunfando sobre la Rama Dorada, burlándose de la Utopía a la que identifica con los totalitarismos y los fundamentalismos, dando lugar así a un modelo capitalista que rechaza la “utopía futura” en nombre de la “democracia actual”, privándonos de una “utopía democrática” que se dedique a criticar a la actual democracia vinculada más bien con el mercado global, es decir que no nos deje inermes ante una demanda de conformidad con una democracia ya conquistada, acabada, “hecha” de una vez y para siempre y no pensada y pactada como una praxis en permanente redefinición y refundación, orientada por un futuro deseable.

Más bien una utopía que nos sirva, como sirvió a pensadores y los europeos pero que sirvió también para la emancipación de los pueblos americanos.

Sin embargo, esta construcción de la identidad europea y que hace al Otro o a la “Otredad” como una forma de legitimar al capitalismo en ascenso: del “hombre lobo del hombre” de Hobbes al “buen salvaje” de Rosseau, América es con frecuencia el paradigma privilegiado del hipotético estado de naturaleza que la modernidad europea postula haber superado mediante la racionalidad contractual que luego será complementada con la expulsión de Am de la Historia. Por eso es útil remarcar como dice Grüner: “América no es para Europa el modelo a seguir sino que es la condición de posibilidad para la construcción de su sociedad política como civilización, aunque para ello haya despojado a América de su sociedad política pero también de su historia”.

Es así que la situación utópica para los pueblos no europeos en esta nueva etapa es la vida cotidiana occidental.

Sin embargo es a fines del s XIX cuando las utopías comienzan a caer a favor de las ffías científicas, sumado al desarrollo del capitalismo industrial, da surgimiento a la Antropología como ciencia del otro o positivización del otro, con entidad empírica. Esto provoca una alteración del discurso ya no centrado en la critica o en la reflexión sobre la alteridad para sentar las bases fundacionales de un nuevo orden mundial, sino en el discurso del orden, concentrada alrededor del aparato discursivo y los sistemas de representación simbólicas descubiertos por la ilustración del s XVIII.

Es a partir de la Rev Francesa que se va moldeando el tipo de sociedad ideal occidental moderna cuyo espacio de realización es la “polis”, espacio doble de inclusión/ exclusión pero sobre todo espacio de establecimiento de puntos de fijeza políticos, de fundamentos inalterables: espacio por definición utópico que se opone al vacío de la barbarie representada por el desierto, observándose ya la sutileza de la operación: un espacio virtual todavía no creado se opone ya a un espacio “vacío” como se oponen a la civilización a la barbarie, la cultura al salvajismo.

A través de los iluministas, racionalista o positivistas, esa línea se anuda en el pensamiento de Alberdi y su “gobernar es poblar” o con Sarmiento y su “civilización y barbarie”, donde ve en las ciudades una ampliación de los espacios múltiples y superpuestos que permiten un mejor ejercicio de las libertades, autoorganización de la vida cotidiana, mayor contacto con los gobernantes, pero sobre todo mayor control y orden que hacen posible la democracia y la civilización.

Ese capítulo se denomina “La rama dorada y la comunidad de las hormigas”

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